El mercado inmobiliario en Montevideo experimenta un cambio de paradigma. Las comodidades y características interiores de una vivienda ya no son los únicos factores decisivos a la hora de elegir dónde vivir o invertir. Hoy en día, el entorno urbano y, de manera muy especial, la seguridad, se han posicionado como las variables número uno que dictan el rumbo de las decisiones inmobiliarias.
Según coinciden referentes de la Cámara Inmobiliaria Uruguaya (CIU), el comportamiento de la demanda ha mutado. Históricamente existía una fuerte predilección por las casas, pero el crecimiento de la inseguridad ha impulsado una masiva preferencia por los apartamentos o por opciones cerradas como los barrios privados y complejos habitacionales que brindan mayores garantías y control de acceso.
El impacto directo en el valor y la demanda de los barrios
El peso de la seguridad está segmentando fuertemente el mapa capitalino. Zonas que en otro momento eran sumamente atractivas o que cuentan con alquileres accesibles (con precios que rondan entre los $18.000 y $21.000) sufren una notoria falta de interesados debido a episodios de violencia o conflictividad social que espantan a posibles inquilinos o compradores, incluso a aquellos provenientes de familias trabajadoras.
En el extremo opuesto, barrios que mantienen buenos estándares de tranquilidad, servicios e infraestructura, como Tres Cruces, Pocitos, Cordón Norte o La Blanqueada, registran una alta demanda que a su vez genera saturación, dificultando por ejemplo encontrar lugares para estacionar.
El fenómeno de Ciudad Vieja y el Centro
Otro factor que golpea el atractivo inmobiliario es la degradación del espacio público. Barrios históricamente emblemáticos como el Centro o la Ciudad Vieja sufren por la falta de iluminación adecuada, el deterioro estético por grafitis, la suciedad y la disminución de la circulación de personas en horarios nocturnos. Esto genera que, a pesar de tener una enorme cantidad de propiedades disponibles, muchas unidades queden vacías o su valor se estanque.
La ubicación sigue siendo la reina de la inversión
A pesar de los cambios en la distribución interna de las viviendas —como la preferencia por cocinas integradas o espacios adaptados para el teletrabajo— la regla de oro de la inversión en ladrillos sigue vigente: la ubicación manda. Las propiedades situadas en entornos seguros, cerca de centros educativos (como es el caso de Carrasco y sus colegios), transporte fluido y espacios verdes, siguen siendo el refugio más seguro y tangible para los inversores.